sábado, diciembre 16, 2006

YO, OUROBOROS




Cuando voy manejando a veces imagino en como sería si tuviera instalado un rayo desintegrador en lugar del claxon. Avanzo a toda velocidad por la avenida y en el momento que me cierra un carro, en lugar de frenar o de esquivarlo aprieto el botón con el pulgar.

Pouf

Obviamente que no le instalaría un megadesintegrador, sino uno con la suficiente potencia como para dejarme un espacio razonable por donde pueda pasar con la motocicleta. Pero tampoco sería un desintegrador demasiado avanzado que no deje residuos o rastro alguno de los obstáculos que voy eliminando en el camino. Un par de fierros retorcidos o restos orgánicos salpicados a los lados quedarían muy bien.

Pouf

Voy entonces acelerando, me gusta inclinarme cuando doy una curva, a veces incluso pongo el pie en el suelo sólo para sentir como raspa. Imagino que si mis botas tuvieran espuelas podría hacer que salten algunas chispas. Al jalar despacio mi puño derecho, el motor ruge sediento entre mis piernas. Me vuelvo uno con mi cabalgadura y sonrío al sentir el aire cada vez más frío estrellarse en mi rostro. En eso se me cruza un chuncho.

Pouf

Mi dedo pulgar vuelve a su natural posición. Un poco de sangre me salpica el rostro. La rueda trasera patina un poco, sólo un poco. Acelero. El dragón ruge de nuevo y serpenteo mi cuerpo a diestra y siniestra, dejando atrás una estela de fuego, vestigios y cadáveres de quienes se han cruzado en mi camino. No miro atrás, el rugido me envuelve.

Y deliro, yo he nacido para esto. Todas estas sensaciones están escritas en mi información genética y en mis escamas que se encienden con el viento. El rugido se hace más fuerte, me ensordece, está ahora en mi detrás. Me detengo y observo por el espejo retrovisor a un tipo en una motocicleta negra con un extraño dispositivo instalado en el lugar donde debería estar el claxon...

POUF.





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