viernes, enero 20, 2006

Soy un condenado disperso

Debería estar trabajando pero estoy escribiendo esto.

Llenando el estúpido blog. Mirando los colores de la oficina que me rodean y me atacan, pensando estupideces, escapándome por la ventana. Cuando era niño mi papá me paraba diciendo que yo sólo pensaba en naves espaciales y se burlaba de mí remedándome píufff…píufff! decía, parafraseando los sonidos que emitía mi estación cosmonauta y mis rayos láser.

A veces me gustaba que lo dijera. Así sentía que él también pensaba en rayos y naves espaciales. Pero no que me remedara ni que a todo le pusiera el mismo sonidito …píufff!

Poco después empezaron a darme un tónico para la atención. No me acuerdo su nombre pero sí del frasco de vidrio color botella de cerveza y su etiqueta anaranjada. Sabía a mierda. Yo pensaba que me lo daban porque era tonto.

Igual me lo tomaba pero igual también lo escupía en el jardín esperando crear una raza de chanchitos superiores.


Las cosas no mejoraron en el colegio. No ayudaba que me saliera del salón sigilosamente sin pedir permiso y sin motivo alguno: “Joaquin! What happens to you?!”

–este…Miss?…er.. may I go to the bathroom?!!

Pensaba rápido, eso sí, y salía corriendo y no volvía hasta mucho, mucho después. Además, mi mamá me había enseñado ya todas las cosas que te enseñan en el colegio antes de entrar. En primer grado yo ya sabía leer, escribir, sumar, restar y muchas más cosas. Mientras todos los demás estúpidos sufrían por aprender dos-y-dos-son-cuatro y cuatro-y-dos-son-seis mi mamá ya me estaba enseñando a multiplicar.

Cuando me cambiaron de colegio fue peor. Me hicieron repetir un año porque el dichoso colegio era “experimental” y yo “tenía que adaptarme”. A mis viejos les importó un carajo porque no había ningún problema con mi edad; yo había empezado en el anterior colegio un año antes de lo previsto y ahora estaría con niños de mi edad. Pero yo ya estaba adelantado y encima tuve que hacer dos veces el segundo grado.


Me aburría a horrores. Pero eso me permitió descubrir más cosas bonitas que no existían en mi salón. Me daba tiempo no sólo para pensar en naves espaciales sino que ahora también podía dibujar monstruos, tentáculos, ojos invasores de cerebros y máquinas-locas-licuadoras-de-muñequitos-animados-en-la-esquina-de-mi-cuaderno. Me distraía mucho, pero es que en el colegio no había nada que aprender.

Con el tiempo, de puro distraído dejé de pensar que era tonto. Pero ahora no quiero seguir distrayéndome con eso y me voy a poner a trabajar.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

No pues ditraido no eras solo andabas recontra entretenido en la inmensidad de tu mundo interior, ya tan complejo desde niño.Alucina que con tu relato me acorde de una cancion de SERRAT ( si ya se que no es tu onda ) pero alli va...LOOOCOOOOO

Era un bello jinete
sobre mi patinete,
burlando cada esquina
como una golondrina,
sin nada que olvidar
porque ayer aprendí a volar,
perdiendo el tiempo de cara al mar.

4:05 p. m.  

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