sábado, diciembre 17, 2005

Las bicicletas son para el verano

Las bicicletas son objetos maravillosos.

No se sabe con exactitud cuando fueron inventadas; existen referencias antiquísimas de estos vehículos en la antigua China y Egipto, pero lo único que se sabe con certeza es que nuestra bicicleta moderna tuvo su antecedente en un inventor francés del siglo xvii del que jamás me acordaré su nombre.

No es mi intención dar a conocer la historia de la bicicleta, que en realidad poco me importa. Sólo quiero hablar de ellas porque me parece bonito. Es bonito verlas pasear por la calle y ver a alguien pedaleando raudamente o de paseo, no importa cual sea su propósito o a hacia donde se dirija, siempre voltearé a mirarlas.

¿Suena excéntrico? Padezco de una extraña enfermedad llamada biclofilia. ¿Y qué? Sólo quiero manifestar mi admiración por esos objetos mágicos de los que uno se olvida nunca como utilizar. ¿Quién no tiene una imagen poética en su cabeza que incluya una bicicleta? Los que no la tienen es porque poseen una sensibilidad pétrea o nunca aprendieron a montar.

Confieso que siempre he fantaseado con ser un ladrón de bicicletas, y no lo digo por homenajear la famosa película del neorrealismo italiano (el libro es mejor) sino porque me parece fascinante la idea de elaborar algún tipo de ardid o estratagema y escapar pedaleando y riendo a carcajadas mientras alguien corre detrás mio con todas sus fuerzas sin poder nunca alcanzarme.

No, no robaría nunca bicicletas para desarmarlas o venderlas, eso sería un delito imperdonable. Juro que las devolvería. El único beneficio que quisiera obtener es esa sensación de escapar y no ser alcanzado. Mientras tú -mi víctima- corres detrás mío yo entre risas gritaría “Búscala más tarde atada en tal sitio!” y te tiraría la llave para que vayas a rescatarla después. Así los dos tendríamos una aventura que compartir y todo gracias a una bicicleta.


El otro asunto interesante es como te la quitaría. Quién no ha escuchado las típicas historias de los ladrones de bicicletas: “oye chiquillo estamos seleccionando chicos para una academia de fútbol… a ver date una vuelta corriendo a la manzana para tomarte el tiempo… tranquilo yo te cuido la bicicleta.” Esas son las más inocentes. Hay otras donde un negro malvado te apunta con el dedo y tú pensaste que era una pistola y acto seguido te bajaste sin decir nada y se la diste.


Yo en cambio te atacaría con un palo.


No, no te agarraría a palazos para quitártela. Lo que haría sería incrustártelo en los rayos para atracar las ruedas y te caigas. No es que busque lastimarte, pero si no aprendéis a caer de una bicicleta entonces tampoco mereces montarlas. Una vez en el suelo vendría corriendo y en un acto de coordinación inaudita levantaría la bicicleta y tendría que apartarte de ahí con el mismo palo para sacarlo y darle una utilidad extra. No hace falta golpearte tan fuerte.

Mientras te recuperas de tu sorpresa yo ya tendría un pie en un pedal y con el otro tomaría impulso y agarraría velocidad al vuelo. Después de 2 o 3 patadas a la pista ya tendría suficiente impulso para alzar mi pierna y empezar a hacer girar suavemente los pedales. Para entonces tú ya te abrías levantado y estarías corriendo detrás mío (no dije que no te golpearía tan fuerte?). Sin embargo no importa que tan rápido seas, jamás podrás alcanzarme si voy en bicicleta.

En el momento en que te dieras por vencido yo me detendría y te lanzaría la llave de su liberación: “Rescátala del árbol maligno que está en el cruce de las calles tal y tal!”. Y reiniciaría mi pedaleo desapareciendo entre mis carcajadas como un duende. Minutos después aparcaría el prodigio mecánico en el citado árbol y lo encadenaría con el candado del que te di la llave, para que te conviertas en el liberador de su cautiverio.

Claro que existen otras ingeniosas y mucho más sutiles formas de apoderarse de estos extraordinarios vehículos. Quienes vieron la película dirigida por Sicca sabrán a que me refiero y quienes no, pues pueden inventar la suya propia.

Podría seguir escribiendo sobre bicicletas durante mucho tiempo sin cansarme. Mi historia personal está repleta de aventuras y desventuras donde intervienen estos esbeltos seres metálicos provocándome algunos de mis mejores recuerdos y alegrías; pero ahora me las guardaré para mí. Dejo a cambio algunas imágenes para vuestra mente y si alguno coincide conmigo en el título de este post (otra película que aún no he visto) sea bienvenido:

  • El joven bandido paseando entre las calles estrechas a su amada sentada en los manubrios.

  • Las doncellas que ríen mientras pedalean hacia el río para tomar un baño.

  • La niña pedaleando raudamente en una bicicleta demasiado grande para su talla por la ciudad vacía.

  • El pequeño saludando desde el parabrisas posterior del automóvil al ciclista equilibrista.

  • Papá sujetándote desde el asiento el día que decidiste no usar las rueditas posteriores.

  • Ese ardor terrible en las rodillas y la pierna chorreando sangre y mugre. Soplidos que alivian.

do you understand?

3 Comments:

Blogger Reaño said...

Yo tampoco he leído "Ladrón de bicicletas" y sé que si son para el verano, uno las ñoara más en invierno:
cuando hace frío
y uno necesita calentarse a punta de pedaleo
como otros (salud Mark)
lo hacen a punta de paja.
En París las bicicletas eran con manubrios de jardinero, tenían parrilla, una cesta delante y un faro a pilas que se enciendí a voluntad.
Pero nunca vi una arrojándose al Sena:
entonces comprendí que las bicicletas pueden ser para un sudoroso verano, pero no para las rutas que dan a la mar... entonces, soñé una moto.

6:16 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Si robas mi bicla, meto veneno a todos los Vat69.

Tay

11:16 a. m.  
Blogger Sir Faxx von Raven said...

No importa hora chupo AbsinthE

3:37 p. m.  

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